Los Ajayus de la Música de Carnaval

Los Ajayus de la Música de Carnaval[1]

Richard Mújica A.

La música Originaria Andina posee, al igual que la danza, un importante rol dentro de las fiestas que se realizan durante todo el año. Este rol está íntimamente ligado a los ritos, donde ambos, forman parte vital de los ciclos climatológicos y de producción agrícola y pastoril y sus estadios análogos en el ciclo vital humano.

Es así que existen alternaciones estaciónales de géneros musicales, danzas e instrumentos, que se asocian a los tiempos y contextos en los que se ejecutan. En términos agrícolas y musicales, el año se divide principalmente entre el tiempo o época de lluvias (jallupacha) y crecimiento; y el tiempo o época seca (awtipacha) y frío.

Se afirma que los instrumentos como el pinkillu, la tarka, y la kitära (este último interpretada en el Norte Potosí) se ejecutan en la época de lluvias – y que inician su interpretación en la fiesta de Todos Santos, terminando en Carnavales- llamando a las nubes y a la lluvia desde los valles, y ayudando a crecer a los cultivos.

Mientras que la qina, los sikus , y el charango (este último también del Norte Potosí) “soplan a las nubes”, provocando cielos despejados y heladas necesarias para congelar las papas y hacer el ch’uñu.

Entonces nos podemos preguntar: ¿cómo es que la música andina posee este «poder»?, ¿qué hace que lo agrícola y climatológico se relacione a los instrumentos?, ¿será que los instrumentos musicales tienen de forma innata esta virtud?

Una de las características que poseen los instrumentos andinos, y que las diferencia de los de occidente, es que todos los instrumentos tienen su «ajayu» (espíritu) que no es innato al material, sino que les es proporcionado por el ritual del encuentro con el «sirinu».

Stobart nos dice que este es un espíritu demoníaco que habita en quebradas, cascadas, manantiales o rocas; Arnold al respecto afirma que es un «saxra», también demoníaco; y finalmente Clemente Mamani le identifica como un «warmi anchancho».

Lo cierto es que el denominado sirinu empieza a salir de la tierra en el jallupacha (tiempo de lluvia); a partir de la fiesta de San Sebastián (el patrón del sirinu según Stobart) en enero se empiezan a recoger las nuevas tonadas (wayñus) que se interpretaran en las fiestas.

De manera indistinta esta tarea es encomendada, de acuerdo a la región y previa consulta a la coca, tanto al hombre, como intérprete; o la mujer, para quien entre los qaqachaqueños, el sirinu «es el motivador del canto». Este encuentro es principalmente un intercambio de los dones del sirinu, por ofrendas y ch’allas de parte de los músicos.

Estas nuevas tonadas se interpretaran a partir de estas fechas, hasta finalizar el Anata (carnaval), para luego guardar los instrumentos durante la época del awtipacha; y cuando nuevamente se inicie la época de lluvias se volverán a sacar los pinkillos, pero interpretando temporalmente las tonadas del año anterior, esto hasta volver a recoger los “nuevos wayños” los “wayñus misk’i” (dulces).

El denominativo «demoníaco» que le dan al sirinu, tiene su origen en la iglesia y su afán de satanizar a todo lo desconocido y todo lo que habita debajo de la tierra. Mientras que para el andino el subsuelo, no es el infierno; sino el Manqhapacha, el espacio de abajo, el vientre de la Pachamama de donde nacemos y el lugar a donde nos dirigimos una vez que abandonemos este mundo, todo nace de ella, y como hemos visto, hasta la esencia misma de la música tiene su origen allí.


[1] Mújica Angulo, Richard 2003. “Los Ajayus de la Música de Carnaval” pp. 2-I publicado en prensa EL DIARIO, miércoles 5 de marzo, La Paz – Bolivia.

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1 comentario en “Los Ajayus de la Música de Carnaval”

  1. Holas
    Me interesó mucho tu artículo, por que pones el dedo en la llaga, el problema con lo andino es que no se puede separar casi ninguna actividad con lo agrícola, ello por que el mundo andino es agrocentrico por lo tanto casi todas sus actividades tienen directa relación con los ciclos agrarios.
    La música tampoco escapa de esa relación, pero no se debe olvidar que esta relación también es espiritual, pero una espiritualidad basada en la reciprocidad.
    Los instrumentos pueden entonar misky wayñus por que tienen un espíritu, que es donado por el sirinu como contra don a las ch’alla(s). por lo tanto los instrumentos también son plausibles de ser receptores de dones, por eso en la fiesta de Guadalupe en Tinkipaya cuando alguien esta tocando mal se le da mas alcohol o chicha, no se le riñe al ejecutante (salvo excepción muy rara) sino que se interpreta este desatino tonal como una falta de reciprocidad, que debe ser salvada.
    Sin mas me despido.
    Atte.
    Jean Wolf
    antradiopod@yahoo.com

    Jean Wolf dice ser antropólogo pero es algo un poco dudoso.

    Posdata. Me fascino tu conclusión sobre el sirinu.

    «El denominativo «demoníaco» que le dan al sirinu, tiene su origen en la iglesia y su afán de satanizar a todo lo desconocido y todo lo que habita debajo de la tierra. Mientras que para el andino el subsuelo, no es el infierno; sino el Manqhapacha, el espacio de abajo, el vientre de la Pachamama de donde nacemos y el lugar a donde nos dirigimos una vez que abandonemos este mundo, todo nace de ella, y como hemos visto, hasta la esencia misma de la música tiene su origen allí.»

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