Festival Luz Mila Patiño: 39 años de encuentros interculturales

IMPERDIBLE: Entre el 19 al 21 de este mes se realiza en el Centro Simón I. Patiño de Cochabamba, la XVI versión del Festival Luz Mila Patiño, dedicado al Violín en los pueblos indígenas y campesinos. El Centro abrirá sus puertas a partir de 19:00 durante esos tres días y la entrada es gratuita.

XVI FESTIVAL (2010): EL VIOLÍN EN LOS PUEBLOS INDÍGENAS
Este año (2010), la XVI versión del Festival Luz Mila Patiño vuelve a Cochabamba, en un evento dedicado a mostrar el arte del violín en los pueblos indígenas y campesinos de Bolivia con el objetivo de generar un espacio de Encuentro Intercultural entre los principales maestros indígenas y campesinos del violín y la población de Cochabamba. En este contexto, se contará con la participación de unos 100 músicos violinistas, cantantes y bailarines quechua, chapaco, chaqueño, guaraní, chiquitano, guarayo y mojeño. Asimismo y de manera paralela, se tiene prevista la realización de un “Conversatorio de Maestros Indígenas y Campesinos de Violín” con el propósito de abrir un espacio para el libre intercambio de opiniones, visiones y experiencias, compartida de diálogos sonoros, a fin de que los maestro puedan interactuar entre sí y ampliar los conocimientos que se tiene sobre la interpretación del violín en Bolivia. Asimismo, se prevé una exposición de técnicas de construcción de violines con maestros provenientes de los distintos pueblos indígenas, quienes mostrarán las técnicas locales de la fabricación de este instrumento en el país.
Una vez concluido el Festival, en las instalaciones del Centro Pedagógico y Cultural Simón I. Patiño se llevará a cabo el Simposio de Musicología denominado “El Violín en el Espacio Boliviano”, evento en el cual destacados investigadores académicos, nacionales e internacionales, se reunirán para exponer sus investigaciones e intercambiar opiniones y experiencias sobre la diversidad de repertorios, músicas, técnicas de ejecución y sobre la historia de la presencia del violín en nuestro país. El ingreso a todas las actividades del festival, es libre.
HISTORIA DEL FESTIVAL
Instituido por el Conde de Boisrouvray, en homenaje a la que fue su esposa Luz Mila Patiño, el Festival «Luz Mila Patiño», si bien fue fundado en 1951 para apoyar a la música académica, se inicia como un proyecto para apoyar las manifestaciones culturales de los pueblos indígenas y campesinos, en 1971. Ese año, se realiza la primera versión, bajo la forma de llamamiento a conjuntos de danzas folklóricas para un “concurso premiado”, con el objetivo de poner en relieve y descubrir el patrimonio folklórico y etnológico boliviano. Se presentan varios grupos, entre los que destaca «La Diablada» de Oruro, que es declarada ganadora del evento.
Dos años después, en 1973, se organiza la II versión del Festival; para ello, se invita al destacado coreógrafo Mario Leyes, proponiéndole organizar un cuerpo de baile y al director de coros Sergio Vargas, encargándole formar un grupo vocal capaz de acompañar musicalmente al cuerpo de baile del profesor Leyes. Producto de esta invitación se crea la Escuela de Danza Folklórica, cuyas presentaciones grupales desde abril de 1973, se convierten en insumo de lo que sería el II Festival Nacional «Luz Mila Patiño» (1974), bajo la forma de un concurso premiado. En esa versión los objetivos del Festival se delimitan aún más y comienza a ser organizado como un espacio de Encuentro dirigido a promover y potenciar las expresiones más destacadas de la cultura de los pueblos indígenas y campesinos de Bolivia y a promover su conocimiento mediante el estudio etnológico y sociológico.
Siguiendo esta línea filosófica y política cultural de potenciación de la diversidad y de encuentro intercultural, la III versión, convocada para el año 1976, concretiza sus objetivos poniendo énfasis en la promoción de la riqueza y diversidad cultural indígenas aunque todavía no descarta la participación de agrupaciones folklóricas que mantengan rasgos de autenticidad. Con este espíritu, la Convocatoria del III Festival propone dos objetivos: (1) difundir las manifestaciones culturales de las regiones menos conocidas del país y, (2) poner en escena la riqueza cultural de las unidades socio-culturales del Oriente, el Chaco, la Amazonía y los valles sur-andinos. De esta manera, llegan a Cochabamba grupos de músicos mojeños, chapacos, chiquitanos, Guaraní-Izozeños así como el conjunto folklórico “Los Masis”. Paralelamente al Festival se realiza una feria artesanal donde se exponen instrumentos de música, cerámica, textiles, cestería, y un coloquio científico sobre el folklore, evento en el que participan personalidades como Hernando Sanabria, Alberto Guerra, Rogers Becerra, Víctor Vara Reyes, Marcelo Thórrez y Rafael Anaya.
El año 1978 el Centro Simón I. Patiño convoca al IV Festival dedicado a las comunidades andinas, buscando presentar “danzas y música preferentemente de origen prehispánico o, si son del período colonial, que mantengan sus características tradicionales sin influencia del folklore citadino”. Al igual que en el anterior Festival, todo el proceso es organizado de manera participativa con coordinadores regionales. Este festival, descrito por la prensa como un “grandioso ‘tinku’ musical”, es estructurado en dos partes: la presentación de más de 250 integrantes, músicos y artesanos de comunidades campesinas, pertenecientes a los departamentos de La Paz, Oruro, Potosí y Cochabamba, en el que se presentan tropas de Julu Julu, Choquelas, Lakitas, Jula Jula, Pinkillu, Sikuri, Lichiwayu, Paceños, Chiriguano, Tarka y, una exposición de textiles de las diferentes zonas altiplánicas, acompañada de una presentación “en vivo” de tejedoras. El Festival es acompañado con presentaciones callejeras, cuyo propósito es literalmente “tomar la ciudad” con música, bailes y despliegues coreográficos; esto tuvo un impacto tan fuerte que provocó diversas reacciones en sectores intelectuales y citadinos.
La presencia de esa diversidad y riqueza marcó el rumbo de las políticas culturales vinculadas al Festival. En ese contexto, el Centro Pedagógico y Cultural Simón I. Patiño promueve la llegada del etnomusicólogo suizo, Max Peter Baumann, quien inicia investigaciones en Bolivia. Es el momento en el que el Festival comienza a ser acompañado con investigación etnográfica y etnomusicológica y se inicia la implementación del Centro de Documentación de Música Boliviana, hoy Archivo Sonoro. Paralelamente se inicia una política de publicación de los materiales grabados y filmados a fin de que apoyen procesos dentro de las mismas comunidades.
El V Festival (1980), tiene el apoyo del Dr. Baumann. El evento es concebido como un “Encuentro con la música, la danza, y la artesanía autóctona”, poniendo en relieve los valores musicales y dancísticos de diferentes regiones andinas de Bolivia “a fin de que el país pueda conocer y conservar esta riqueza invalorable que forma parte de su patrimonio y que da a Bolivia un puesto excepcional en este campo”. Paralelo al Festival se realiza una Exposición de 300 tejidos andinos y de «warmi munachis».
El VI Festival (1984) se realiza en el Centro Simón I. Patiño con el propósito de representar la diversidad sociocultural del país, con la participación de comunidades y pueblos indígenas de Potosí, La Paz, Santa Cruz, Tarija, Cochabamba, Oruro, y Beni y es difundido a nivel nacional por la televisión estatal. Si bien la parte central del Festival se realiza en el Centro, se organizan varias presentacione
s en Cliza y en el Coliseo de la Coronilla. Además se expone una colección de instrumentos musicales etnográficos y otra de instrumentos musicales prehispánicos prestada por el Museo Arqueológico de la UMSS; asimismo, se realiza una feria de la comida a fin de mostrar la riqueza culinaria de la región.
La VII versión (1986) marca un cambio en la política cultural vinculada al Festival. Dedicado a la música y las danzas tradicionales de lo que fue el antiguo espacio misional jesuita en Moxos, el Festival es realizado en el departamento del Beni, con el objetivo de promover procesos locales y el fortalecimiento de las identidades culturales comunales. Se da también un cambio en las metodologías de investigación, incidiéndose en trabajos localizados y que generen un impacto más directo en las comunidades, para lo cual se trabaja directamente con los Cabildos Indigenales. De esta manera, se logra involucrar a los Cabildos Indigenales Canichana, Mojeño, Itonama, Baure y Sirionó en todo el proceso. Dos eventos se organizan de manera paralela: el Encuentro de caciques de los Cabildos Indigenales del Beni a fin de promover su organización y el Simposio «La Música de Moxos y su Contexto Histórico-Cultural», evento en el que participan investigadores de la talla de Rógers Becerra, Joseph Barnadas, Fernando Cajías y Antonio Carvalho.
Siguiendo esta línea de regionalización, la VIII versión (1988) se dedica a la macro unidad cultural conocida como el Norte de Potosí, logrando la participación de tropas de músicos provenientes de los ayllus (unidades territoriales) como los Macha, Chayantaqa, Layme, Jukumari, Pocoata. De manera paralela, se realiza una muestra fotográfica sobre el ritual del Tinku, registrada por el fotógrafo Fred Savariu, se realiza un festival del vídeo con temáticas indígenas y se presentan dos documentales producidos por el Centro: “La Fiesta de la Cruz en Macha” y “Bombori”. Asimismo, se exponen instrumentos musicales provenientes de los ayllus participantes.
La idea de hacer del Festival un «espacio de encuentro y confraternización de las diferentes comunidades pertenecientes a una gran macro unidad cultural», nacida en este Festival es la que primará en las siguientes versiones. Así, el IX Festival (1991) se orienta a promover no sólo las expresiones musicales y copleras de los campesinos chapacos, sino a generar procesos de encuentros macro. Por tal motivo, se organizan treinta festivales con las Sub-centrales campesinas y, en una segunda fase, seis festivales con las centrales provinciales. Los músicos seleccionados en esta segunda etapa son los que se presentan en el Festival realizado en Tarija.
La X Versión del Festival (1993) es convocada, bajo el denominativo “La Tradición Chaqueña” buscando caracterizar la tradición musical de los “chaqueños criollos”, sus géneros, sus instrumentos y centrando la atención en las ritualidades vinculadas a la vida comunal. Este Festival, realizado en la localidad de El Palmar, tuvo su cierre en la ciudad de Yacuiba.
El XI Festival (1996) estuvo dedicado a promover la “Música, danzas y máscaras de los Guaraní-Chiriguano”. Llevado a cabo en la comunidad de Ivamirapinta (Capitanía de Kaipipendi-Karowaychu) y ejecutado casi en su totalidad por los comunarios, y los Mburibicha locales Chiriguano, tiene dos eventos paralelos: exposición de máscaras guaraníes, y la presentación de dibujos de niños de las escuelas de San Jorge de Ipaty y de Kopere Loma, ambos presentados en la ciudad de Camiri. En esta versión se presentan grupos de las tres grandes macro identidades Guaraní-Chiriguano: izozeños, Ava y Simba.
Siguiendo la misma filosofía, la XII versión del Festival (1998) se orienta a trabajar con las comunidades afrobolivianas, una de las unidades socio-culturales más invisibilizadas de Bolivia. Concebido de manera conjunta entre el Centro Simón I. Patiño y los representantes del Movimiento Cultural Saya Afro Boliviano, cuenta con la participación de las comunidades afro-yungueñas. El Encuentro se realiza Coripata (Provincia Nor Yungas, La Paz), generando un Encuentro entre los abuelos con los jóvenes y con los niños. En este Festival participan músicos y mujeres cantoras de las comunidades de Mururata, Tokaña, Chijchipa, Santa Ana, San Joaquín, Coscoma, Cala Cala, Dorado Chico, Chicaloma.
La XIII versión del Festival (2001) está dedicada a mostrar toda la diversidad socio-cultural en Bolivia. Este evento, que recuerda los 30 años del Festival, promoviendo una cultura democrática por la paz y por el dialogo intercultural, se efectúa en el Centro Simón I. Patiño. En él se reúne a las expresiones sonoras diversas de quechuas, aymara, guaraní, chapaco, mojeños, afrobolivianos. Paralelamente se realizan dos exposiciones: de fotografías que muestran la historia del Festival y de instrumentos musicales etnográficos y se lleva a cabo el Simposio Internacional de Musicología “La música en Bolivia: De la prehistoria a la actualidad”.

El año 2003 el XIV Festival vuelve al campo pero se modifica en la necesidad de promover a los grupos más pequeños de tierras bajas. Este Festival dedicado a los Esse-Ejja, Tacana, T´simane y los Mosetene, es realizado de manera conjunta con las organizaciones indígenas y realizado en la localidad de Rurrenabaque.
Finalmente, el año 2006, luego de varios años de haberse dirigido hacia las tierras bajas, el XV Festival vuelve a las tierras altas. Concebido participativo, está dedicado a mostrar la riqueza musical, sonora, dancística de los Yampara de Chuquisaca. En el marco del evento, se realiza un Simposio Nacional de Musicología.

Fuente: Los Tiempos – 15/08/2010
http://www.lostiempos.com/oh/actualidad/actualidad/20100815/festival-luz-mila-patino-39-anos-de-encuentros_84844_161770.html

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