Paisaje sonoro de Llojeta

Patrimonio cultural y memoria sonora

Mapa Sonoro de Llojeta

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Las investigaciones de lo sonoro desde las ciencias sociales, tienen sus primeras aproximaciones en el estudio de la música y su relación con fenómenos sociales y que posteriormente mostrarán si vínculo con otras disciplinas. Fue hasta mediados del S. XX que inician los planteamientos que trabajan con lo sonoro como elemento central. Se pueden mencionar a dos principales representantes: John Cage y Murray Schafer. Luego otros autores fueron añadiendo aspectos más relacionados desde la sociología y la antropología.

Por tanto, se considera que los sonidos (lo sonoro), son procesos percibidos auditivamente, y definen a su vez procesos sociales y culturales que transmiten una información a las personas. También son referentes mnemotéticos tanto individuales como colectivos, referentes que permiten comprender y que se vuelven relevantes cuando hablamos de patrimonio cultural inmaterial ya que vinculan el entorno que rodea a las comunidades con la memoria.

Para el caso de esta investigación, el registro sonoro contempló la realización de grabaciones de campo, enfocándonos a la captura de paisajes sonoros, entendidos como grabaciones en ambientes acústicos en los que actúan en simultáneo diversas fuentes sonoras. Además, se buscó focalizar ciertos “objetos sonoros”, o sea, se intentó aislar/enfatizar elementos sonoros en ciertos lugares.

Se tiene un aproximado de 50% de sonidos Biofonícos. Los cuales muestran una presencia sonora importante de fauna silvestre que convive en el contexto urbano con los habitantes de esta zona. Si bien registramos audios de animales domésticos (perros, palomas y una vaca), la presencia de aves es muy importante, de las cuales resalta el picaflor (colibrí). No se puede dejar de lado algunos animales “silenciosos”, es decir de quienes se logró registrar su presencia física y no así sonora, estamos hablando de la Vizcacha. Un animal que prácticamente convive con las personas en este sector y que se va adaptando a los pocos contextos naturales que son su habitad.

Un 40% de sonidos son los producidos por el ser humano (antropofonías). Que abarcan desde obras municipales (sonidos mecánicos), espacios de esparcimiento (canchas deportivas y parques), medios de transporte (automotores/teleférico), servicios de limpieza municipal, y fragmentos de relatos de personas entrevistadas. La conjunción de estos sonidos (a excepción del último), conforman lo que se podría llamar el “rugido urbano” un sonido constante e intenso que se siente en las periferias de Llojeta.

Finalmente, en algo menos del 10% se tienen la presencia del sonido del viento (geofonías). Un fenómeno que si bien puede pasar desapercibido, en términos sonoros cobra mucha importancia al momento que producir sonidos en relación a otros elementos de cada contexto. El sonido producido por el viento al chocar con las hojas de los árboles es el más presente en nuestra memoria. El viento también interactúa con elementos antrópicos, como las construcciones abandonadas o los nichos de los cementerios. Un sonido que pertenece a este grupo que ahora solo queda en la memoria de las personas es el del río que atraviesa Llojeta, el cual ha dejado de escucharse debido a los trabajos de embovedado.

Los sonidos son…

“Los sonidos son referentes mnemotéticos extremadamente fuertes que día a día se reconstruyen ya que el ser humano no cuenta más que con filtros psicológicos para dejar de oír su entorno acústico” (Woodside, 2008).

Los sonidos, lo sonoro, los procesos percibidos auditivamente, definen a su vez procesos sociales y culturales que transmiten una información al receptor. Son referentes mnemotéticos tanto individuales como colectivos, referentes que permiten aproximarnos al lugar y que se vuelven relevantes cuando hablamos de patrimonio. Lo cual nos lleva a la importancia de lo sonoro y la necesidad de precisar una comprensión de su significado, de su contexto y su gente. En este sentido, debemos reconocer que en el ámbito del paisaje sonoro, llegamos a realizar el primer paso: el registro sonoro de sus lugares. Para futuros proyectos queda su complementación a partir de la interacción de estos registros con las personas que habitan el sector, para recolectar sus impresiones, reacciones y pareceres. En tal caso, las restricciones de salud ante el COVID-19 redujeron la posibilidad de pasar a esa etapa.

Los sonidos en Llojeta son una puerta que nos comunica con la memoria, corta y larga, de un espacio. Hay sonidos constantes en el tiempo, hay otros que desaparecieron, y hay nuevos sonidos que van rodeando el lugar. Justamente, esta característica dinámica del sonido coincide con la del patrimonio cultural inmaterial, ya que también se transforma y recrea constantemente. Y no solo eso. Los sonidos permiten relacionar (romper) las fronteras conceptuales del patrimonio vinculando la naturaleza con la materialidad e inmaterialidad de la cultura. Así, se consolida la característica del patrimonio como referente para las identidades y la importancia que tiene cada persona, cada grupo, cada cultura para percibir y darle sentido a los sonidos que le rodean.

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