Historia e impacto político de la CSUTCB
La Confederación Sindical Única de Trabajadores Campesinos de Bolivia (CSUTCB) constituye una de las organizaciones matrices más influyentes de la estructura social, política e identitaria de Bolivia. Impulsada por la emergencia del movimiento katarista de base aymara, la confederación logró unificar las demandas del agro con la memoria larga de las rebeliones indígenas ancestrales, explotación económica y exclusión político-cultural como naciones originarias.
A lo largo de su trayectoria, la CSUTCB evolucionó desde un sindicalismo tradicional hacia posturas de nacionalismo originario de alcance territorial nacional. Su presencia en la dictadura de García Meza hasta su rol de vanguardia en la Guerra del Gas en 2003 y su posterior integración en el Pacto de Unidad, la CSUTCB, sentó las bases ideológicas y operativas para la construcción del Estado Plurinacional.
- Raíces ideológicas y fundación de la CSUTCB
- La participación de la CSUTCB en los hitos históricos y sociales de Bolivia
- Estructura orgánica, descentralización territorial y el sistema de representación de la CSUTCB
- La organización de las bases como mecanismo de presión
- Consideraciones finales
- Información adicional
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Raíces ideológicas y fundación de la CSUTCB
La tesis de la doble opresión unió la lucha de clase con la memoria indígena ancestral
La Confederación Sindical Única de Trabajadores Campesinos de Bolivia (CSUTCB) constituye una organización matriz en la estructura social boliviana. El agotamiento del Pacto Militar Campesino —estructura instaurada a mediados de la década de 1960 por el régimen de René Barrientos Ortuño y subordinada posteriormente por Hugo Banzer Suárez— catalizó la ruptura definitiva de las bases agrarias con el tutelaje estatal y militar (Calderón y Dandler, 1984).
Este pacto instrumentalizó el aparato sindical agrario construido tras la Revolución de 1952, bajo la figura de Confederación Nacional de Trabajadores Campesinos de Bolivia (CNTCB) utilizado como un mecanismo de control estatal y contención ideológica frente a los movimientos obreros y mineros (Zavaleta, 1986; Quisbert, 2007). La imposición de tributos rurales y la agudización de la crisis económica a mediados de los años setenta resquebrajaron este acuerdo, provocando que las bases comunitarias comenzaran a cuestionar la legitimidad de la dirigencia aliada con las fuerzas armadas (Rivera, 1984).
En este proceso, su ideología evolucionó de un paradigma clasista y sindical guiada por la COB hacia la progresiva incorporación del katarismo e indianismo que denunciaban la explotación y desigualdades sociales y culturales (Hurtado, 1986). Así pues, desde una perspectiva histórica y social, el descontento catalizó a finales de la década de 1970 con la emergencia del movimiento katarista, que cuestionó la homogenización identitaria del término “campesino” promovida por el nacionalismo revolucionario, como lo explica Hurtado (1986).
Dicho de otra manera, la concientización étnica y política unió la reivindicación de clase social con la memoria larga de las rebeliones indígenas de los siglos pasados, denunciando la pervivencia de una estructura colonial interna basada en la discriminación y la exclusión política (Rivera, 1984). A nivel operativo, las movilizaciones y bloqueos de caminos de 1979 reflejaron la capacidad de este nuevo pensamiento para articular a las subcentrales y centrales provinciales de manera autónoma (García Linera, 2001), dando así el panorama social y político para el surgimiento de la Confederación Sindical Única de Trabajadores Campesinos de Bolivia (CSUTCB).
La ruptura definitiva con el tutelaje estatal se materializó en el Congreso Extraordinario de Unificación Campesina, celebrado el 26 junio de 1979 ratificado por la Central Obrera Boliviana (COB), dando nacimiento formal a la CSUTCB. Albó (2009) relata, que fue, en una conferencia de prensa clandestina, la organización hizo su presentación formal como Confederación Campesina “Tupak Katari” luego en 1979 se crea oficialmente la nueva a Confederación Sindical Única de Trabajadores Campesinos de Bolivia (CSUTCB).
Este hito histórico representó la convergencia de diversas tendencias políticas e identitarias del agro boliviano —incluyendo bloques indianistas, kataristas y corrientes de izquierda tradicional— bajo una consigna de independencia sindical (Patzi, 2003). La unificación bajo una sola estructura matriz eliminó la dispersión organizativa que los regímenes autoritarios habían utilizado para debilitar al movimiento rural, consolidando un sujeto político unificado que desempeñaría un papel central en la caída de las dictaduras y en el posterior retorno del país al sistema democrático (Zavaleta, 1986).
Más adelante, la Tesis Política de 1983 sería consecuente con la consigna, rompió con el nacionalismo revolucionario de 1952, rechazando la homogenización estatal bajo el término “campesino” (Rivera, 1984). El planteamiento adoptó la tesis de la doble opresión: la explotación económica de clase y la exclusión cultural como naciones originarias (Calderón y Dandler, 1984).
Posteriormente, hacia el siglo XXI, esta postura transitó al nacionalismo originario, exigiendo la reconstitución territorial y el autogobierno (Patzi, 2003). Así, el movimiento pasó de impugnar el modelo neoliberal a plantear una reconfiguración estatal (García Linera, 2001). Finalmente, la estrategia decantó en la autodeterminación democrática mediante un instrumento político propio, sentando las bases del Estado Plurinacional (Zavaleta, 1986).

La participación de la CSUTCB en los hitos históricos y sociales de Bolivia
La organización transformó el sindicato tradicional en un instrumento de liberación identitaria.
La trayectoria de la CSUTCB en la historia contemporánea de Bolivia representa el tránsito de las mayorías rurales desde la exclusión política hacia la centralidad en el poder estatal. Como se describió, más allá de las coyunturas específicas, la organización ha operado como el canal del descontento agrario, transformó el sindicato tradicional en un instrumento de emancipación identitaria. Su intervención histórica transformó definitivamente la relación entre el Estado y el área rural al desmontar los mecanismos de subordinación oficialista y proponer un horizonte político propio que fusionó la identidad de clase con la reivindicación étnica.
Seguidamente, se presenta los hitos históricos en los cuales la organización estableció su influencia en la historia de Bolivia.
La ruptura ideológica con el Estado Republicano y la Tesis Política
Tras la fundación de la CSUTCB y en el posterior contexto del régimen de Luis García Meza en 1980, la dirigencia asumió la dirección de las movilizaciones desde la clandestinidad, situándose en la Secretaría General de la COB a través de su primer ejecutivo, Genaro Flores (Hurtado, 1986).
La CSUTCB asumió un rol de vanguardia en la resistencia democrática desde la clandestinidad, pagando un alto costo en vidas y persecución política al oponerse frontalmente al régimen dictatorial (Hurtado, 1986). Ante la violenta intervención de los centros urbanos y la clausura de la Central Obrera Boliviana (COB) por el aparato militar, el campesinado de base y la dirigencia katarista estructuraron redes clandestinas de resistencia en las provincias, lideradas por su Secretario Ejecutivo, Genaro Flores Santos, siendo el primer líder indígena en la historia boliviana en ocupar dicho cargo (García Linera, 2001). Ésta decidida oposición rural debilitó de forma irreversible la legitimidad de la dictadura fascista y culminó con el ametrallamiento de grupos de campesinos y la detención de Flores por patrullas paramilitares en junio de 1981.
Al año siguiente, todo ello confluyó en la posterior recuperación de la democracia. La intervención de las bases rurales determinó el restablecimiento del sistema democrático en octubre, lo que modificó el escenario de interlocución con el Estado (Zavaleta, 1986). Durante el mandato de la Unidad Democrática Popular (UDP), la organización confrontó las políticas gubernamentales debido al rezago en la atención de las demandas agrarias (Rivera, 1984). En este ciclo se redactó el documento de la Tesis Política de 1983, que fijó los principios ideológicos de la confederación frente al Estado republicano (Rivera, 1984).
Asimismo, el documento impugnó el sesgo proletario de la izquierda tradicional y la subordinación ideológica impuesta por la dirigencia de la Central Obrera Boliviana (COB), que históricamente relegaba al campesinado al rol de aliado secundario de la vanguardia minera (García Linera, 2001). Al definirse como la mayoría demográfica e histórica del país, la CSUTCB reivindicó mediante esta tesis su autonomía organizativa y su capacidad organizativa propia, transformando al sindicato agrario en un instrumento de liberación política (Patzi, 2003).
El indianismo y el liderazgo de Felipe Quispe “El Mallku”
Este ciclo se caracterizó por la oposición a las reformas de corte neoliberal mediante el empleo de movilizaciones agrarias a escala nacional. En 1996, la denominada Marcha del Siglo exigió modificaciones estructurales a la Ley del Servicio Nacional de Reforma Agraria (INRA) (Patzi, 2003). Los antecedentes de la denominada Marcha del Siglo se configuraron a partir del descontento agrario frente a las reformas estructurales de corte neoliberal implementadas durante el primer gobierno de Gonzalo Sánchez de Lozada, específicamente tras la promulgación de la Ley de Participación Popular de 1994 y la capitalización de las empresas públicas (García Linera, 2001).
Generó una alarma en las bases campesinas, indígenas del país, quienes denunciaban que la normativa mercantilizaba la tierra, introducía impuestos al minifundio tradicional y abría las puertas a la privatización del agua (Patzi, 2003). A este malestar de las tierras altas se sumó la indignación de los pueblos indígenas del oriente de la CIDOB, quienes exigían el reconocimiento formal de sus territorios comunitarios, y los productores de hoja de coca del Trópico de Cochabamba, denunciaban planes gubernamentales de erradicación forzosa bajo la presión de la Embajada de Estados Unidos (Rivera, 1984). Este escenario de agravios concurrentes impulsó a la CSUTCB a unificar las demandas del agro y a coordinar con las organizaciones del oriente boliviano para iniciar una masiva caminata hacia la sede de gobierno, con el fin de frenar la ley agraria y exigir la soberanía sobre los recursos naturales (Hurtado, 1986).
La Marcha forzó al gobierno de Sánchez de Lozada a modificar la Ley INRA, el resultado principal fue el reconocimiento legal de las Tierras Comunitarias de Origen (TCO) y la inalienabilidad del minifundio campesino ante impuestos fiscales (Rivera, 1984). Asimismo, garantizó la dotación prioritaria y gratuita de tierras fiscales a las comunidades indígenas frente a los intereses empresariales (García Linera, 2001). Finalmente, la movilización consolidó un bloque de unidad política entre el sindicalismo de tierras altas y los pueblos originarios del oriente (Hurtado, 1986).
El año 2000 significó un cambio en la conducción interna con la incorporación de Felipe Quispe a la secretaría ejecutiva, quien introdujo planteamientos basados en las identidades originarias y el autogobierno aymara (García Linera, 2001). Las acciones de presión de ese año confluyeron con las protestas del sector urbano en el occidente del país, afectando la estabilidad del gobierno de Hugo Banzer Suárez (García Linera, 2001). Quispe imprimió un discurso de corte indianista y de reconstitución de las naciones aymara y quechua que desafió de manera directa la legitimidad del Estado republicano (García Linera, 2001).
Bajo este mando, las masivas movilizaciones y los cercos a las ciudades en abril y septiembre de ese año desbordaron por completo los mecanismos de control del gobierno de Banzer, forzando al dictador devenido en presidente constitucional a sentarse a negociar de igual a igual con el liderazgo indígena (Hurtado, 1986). La firma de los “Convenios de la Isla del Sol” demostró no solo la capitulación temporal del régimen banzerista ante las demandas rurales, sino también un cambio estructural en el que el campesinado dejó de ser un actor secundario para convertirse en el sujeto político central con capacidad de veto sobre la gobernabilidad del país (Zavaleta, 1986).
El desplome del ciclo neoliberal
Las acciones sindicales adquirieron un carácter político centrado en la soberanía de los recursos naturales y la impugnación de la legitimidad institucional de las autoridades estatales (Patzi, 2003). Durante el año 2003, la CSUTCB lideró los bloqueos de caminos en el departamento de La Paz en el marco de la denominada Guerra del Gas, demandando la no exportación de hidrocarburos y la atención a un pliego de setenta y dos puntos, los más importantes fueron: el rechazo de la exportación del gas a Estados Unidos y México por territorio chileno, el cumplimiento del plan de desarrollo de la producción agraria de las provincias, abrogación de las leyes de mercantilización de la tierra, titulación de territorios comunitarios, el rechazo a la ley que criminalizaba la protesta social y el uso de militares en las zonas de conflicto (García Linera, 2001). Tras semanas de movilizaciones y alianzas con otras organizaciones como la Junta de Vecinos de El Alto, y la paulatina adhesión de otras agrupaciones, este proceso derivó en la renuncia del presidente Gonzalo Sánchez de Lozada (Zavaleta, 1986).
En el año 2004, la confederación participó en la conformación del Pacto de Unidad en la ciudad de Santa Cruz junto a otras organizaciones (Patzi, 2003). Las protestas consecutivas del año 2005 forzaron la dimisión de Carlos Mesa Gisbert y propiciaron un periodo de transición constitucional a cargo de Eduardo Rodríguez Veltzé, cuyo mandato se limitó a la organización del proceso electoral general (Zavaleta, 1986).
Resistencia y la edificación del Estado Plurinacional
La CSUTCB modificó su estrategia de presión para integrarse de forma directa en el control del aparato gubernamental a través de su participación en el Movimiento al Socialismo – Instrumento Político por la Soberanía de los Pueblos (MAS-IPSP) (García Linera, 2001). Las transformaciones incluyeron la conversión de la República en un Estado Plurinacional, el reconocimiento formal de la justicia indígena originaria campesina, la nacionalización de las empresas estratégicas de hidrocarburos, la modificación de la normativa sobre tierras y la inserción de representantes rurales en la Asamblea Legislativa Plurinacional (García Linera, 2001).
Durante este periodo, la organización operó como el soporte social del poder ejecutivo frente a las gobernaciones opositoras de la denominada media luna en 2008, integrando instancias de coordinación política como la Coordinadora Nacional por el Cambio (CONALCAM) para viabilizar la aprobación de la Constitución Política del Estado de 2009 y la posterior aplicación de las reformas del Estado Plurinacional (Patzi, 2003).
Estructura orgánica, descentralización territorial y el sistema de representación de la CSUTCB
La legitimidad de la dirigencia nacional emana directamente de las bases comunales
La organización interna se fundamenta en un orden jerárquico que vincula directamente a las bases comunitarias con la dirigencia nacional (Calderón y Dandler, 1984). Tras la fundación de la matriz nacional, se procedió a la conformación de filiales en los nueve departamentos de Bolivia, adaptando los métodos de organización tradicional andina y amazónica según el contexto local (Hurtado, 1986; Calderón y Dandler, 1984). Asimismo, en zonas con características socioproductivas particulares, como el norte de Potosí, los Yungas de La Paz o el Gran Chaco, se constituyeron federaciones regionales con autonomía de gestión sectorial para canalizar problemáticas específicas.
Elección de sus representantes y el rol de los niveles de organización
La designación de los representantes en los distintos niveles de la CSUTCB se rige por un principio democrático y jerárquico que asciende desde las bases comunitarias hasta la dirección nacional mediante congresos ordinarios (Calderón y Dandler, 1984). En el nivel local, la elección se origina en los sindicatos comunales o ayllus bajo lógicas de consenso y rotación territorial obligatoria entre las familias de las comunidades (Rivera, 1984). Estos representantes locales forman delegaciones que asisten a los congresos seccionales y provinciales para elegir a las dirigencias intermedias, quienes a su vez conforman los cuerpos de delegados adscritos a las federaciones departamentales (Hurtado, 1986).
Las dirigencias intermedias se agrupan en subcentrales a nivel cantonal, para luego articularse en centrales provinciales que reportan de manera directa a las federaciones departamentales o regionales (Hurtado, 1986). La designación de los representantes a estos niveles se realiza mediante congresos ordinarios, donde los delegados provinciales eligen a sus comités ejecutivos respetando los criterios de rotación territorial y, de manera progresiva, las lógicas de consenso comunitario (Rivera, 1984).
Las federaciones departamentales y regionales fungen como interlocutores directos ante los gobiernos subnacionales, tales como prefecturas, gobernaciones y municipalidades, para la asignación de recursos públicos y proyectos de desarrollo rural (García Linera, 2001). Su legitimidad y capacidad de convocatoria local les permiten fiscalizar de forma horizontal la ejecución de políticas agrarias y la delimitación de tierras (Patzi, 2003). Durante los ciclos de movilización nacional, estas organizaciones intermedias actúan como las encargadas operativas de coordinar y sostener los bloqueos de carreteras y las marchas, garantizando el control territorial efectivo de sus respectivas jurisdicciones frente a las decisiones de los poderes públicos (Zavaleta, 1986).
Finalmente, la máxima conducción de la organización, la Secretaría Ejecutiva Nacional, se elige en un Congreso Nacional de la CSUTCB donde las delegaciones de los nueve departamentos debaten los perfiles políticos de los candidatos y votan en urnas o por aclamación, consolidando un esquema de legitimidad interna que vincula de manera vertical el mandato de la base con las determinaciones del comité ejecutivo nacional (García Linera, 2001).
El Congreso Nacional Ordinario constituye la máxima instancia de decisión, deliberación y definición política de la CSUTCB, convocado estatutariamente cada dos o tres años con el objetivo principal de evaluar la gestión sindical y elegir al nuevo Comité Ejecutivo Nacional (Hurtado, 1986). Este magno evento reúne en una sede rotativa a miles de delegados debidamente acreditados de las federaciones departamentales y regionales de los nueve departamentos del país, quienes reflejan la pluralidad geográfica y cultural del agro boliviano (Calderón y Dandler, 1984; García Linera, 2001).
La Federación Nacional de Mujeres Campesinas de Bolivia – Bartolina Sisa (FNMCB-BS)
Albó (2009) explica que a la creación de la CSUTCB, un año después se crearía la Federación Nacional de Mujeres Campesinas de Bolivia – Bartolina Sisa (FNMCB-BS), las “Bartolinas”. Quisbert (2007) describe, cuando se realiza el I Congreso Nacional de la CSUTCB, se crea la FNMCB-BS. La Confederación impulsó la necesidad de estructurar un espacio propio que representara de manera específica a las mujeres del sector rural (Calderón y Dandler, 1984). Es así que el 10 de enero de 1980 se fundó esta organización, adoptando el nombre de Bartolina Sisa en memoria de la líder aymara que comandó los levantamientos indígenas del siglo XVIII (Hurtado, 1986).
La creación de la federación buscó romper con la exclusión de las mujeres en las decisiones de las comunidades y en las estructuras sindicales tradicionales, tradicionalmente dirigidas por varones (Rivera, 1984). Desde sus primeros años de vigencia, las integrantes de la organización asumieron un rol activo en las movilizaciones para la recuperación de la democracia, coordinando acciones con la Central Obrera Boliviana (COB) y la propia CSUTCB (Hurtado, 1986). El sustento ideológico dio continuidad a las demandas tanto a la superación de la discriminación étnica y consolidó su representación en el marco de la equidad interna dentro de sus propias bases (Rivera, 1984).
La organización de mujeres campesinas expandió su influencia nacional al articularse en redes de resistencia frente a las medidas económicas del Estado de la época, siglo XX y XXI (Patzi, 2003). Su participación en las marchas agrarias, la Guerra del Agua en el año 2000 y la Guerra del Gas en el año 2003 cimentó su representatividad en el escenario político (García Linera, 2001). Posteriormente, la federación se constituyó en una de las organizaciones fundadoras del Pacto de Unidad en el año 2004 (Patzi, 2003).
Alianzas internacionales
La relación de la CSUTCB con otras organizaciones y entidades internacionales se enmarca en una estrategia de diplomacia de los pueblos y solidaridad antiimperialista, orientada a proyectar las demandas del movimiento indígena originario campesino a nivel global (García Linera, 2001). A nivel continental y mundial, la confederación es un miembro histórico y fundador de la Coordinadora Latinoamericana de Organizaciones del Campo (CLOC) y de la red global Vía Campesina, plataformas mediante las cuales articula acciones conjuntas en defensa de la soberanía alimentaria, la reforma agraria integral y los derechos de los pequeños productores frente a las corporaciones transnacionales (Patzi, 2003).
Asimismo, la CSUTCB mantiene vínculos de interlocución y cooperación técnica con agencias del sistema de Naciones Unidas —como la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) y el Fondo Internacional de Desarrollo Agrícola (FIDA)— para canalizar proyectos de desarrollo rural sustentable, al tiempo que participa políticamente en foros globales sobre cambio climático y biodiversidad para defender la propiedad comunitaria de la tierra y la protección de los saberes ancestrales (Rivera, 1984).
La organización de las bases como mecanismo de presión
La resistencia de la comunidad local en un poder político de alcance nacional
El alcance territorial de la CSUTCB posee un carácter nacional su presencia llega a los rincones rurales más aislados donde la institucionalidad del Estado históricamente ha sido débil o inexistente (Calderón y Dandler, 1984). Esta vasta cobertura geográfica se materializa mediante un tejido conectivo compuesto por miles de sindicatos comunales y ayllus preexistentes, organizados de forma escalonada en subcentrales cantonales y centrales provinciales que reportan a las federaciones departamentales y regionales (Hurtado, 1986).
Las estrategias de movilización se sustentan en una estructura organizativa que transforma las dinámicas cotidianas del área rural en mecanismos de presión política y control territorial (García Linera, 2001). La cohesión interna y la disciplina en las acciones colectivas derivan del orden jerárquico tradicional de la comunidad, el cual vincula de manera directa el cumplimiento de los deberes sociales con los derechos de usufructo de la tierra y la residencia comunal (Rivera, 1984).
La organización de las bases comunitarias para la movilización se ejecuta a partir de tres componentes estructurales:
- La asamblea comunal como instancia de decisión: La determinación de participar en una medida de presión o bloqueo de carreteras se adopta mediante decisiones colectivas y obligatorias en las reuniones de los sindicatos comunales o ayllus (Patzi, 2003). Una vez que la asamblea aprueba el mandato, este adquiere fuerza de ley comunitaria, comprometiendo de forma homogénea a todos los miembros de la base territorial (Rivera, 1984).
- El sistema de turnos y comisiones: Para garantizar la sostenibilidad de las movilizaciones prolongadas sin desatender los ciclos productivos agrarios, las comunidades implementan la rotación de contingentes por familias o por sectores de la provincia (Calderón y Dandler, 1984). Este mecanismo distribuye las tareas de abastecimiento de alimentos, vigilancia y relevos de personal en los puntos de concentración o bloqueo (García Linera, 2001).
- Los mecanismos de control y sanción: La disciplina interna se preserva mediante la aplicación de las normativas de la justicia indígena originaria campesina (Patzi, 2003). El incumplimiento de los mandatos de movilización acarrea amonestaciones institucionales, multas económicas o, en casos de reincidencia, la pérdida provisional de beneficios colectivos dentro de la jurisdicción territorial (Rivera, 1984).
Estas dinámicas de articulación interna permiten a la organización desplegar tácticas específicas, como el bloqueo general de caminos y el cerco a los centros urbanos. La eficacia operativa de las movilizaciones descansa, de este modo, en la superposición de la identidad sindical sobre la estructura social preexistente del agro boliviano (Calderón y Dandler, 1984).
La estrategia comunicacional en las movilizaciones de la CSUTCB es clave para socializar el cómo, cuándo y por qué de las acciones colectivas, garantizando la cohesión interna mediante un contacto constante entre los dirigentes y las bases (García Linera, 2001). Este flujo de información se organiza a través de reuniones permanentes que descienden verticalmente desde los comités nacionales hacia las federaciones departamentales, subcentrales y sindicatos comunales (Calderón y Dandler, 1984). En el terreno, dicha estructura se complementa con el uso estratégico de radios comunitarias en idiomas nativos. Así, este entramado asegura el control territorial en las carreteras y permite contrarrestar eficazmente la narrativa oficial del Estado (Zavaleta, 1986).
Consideraciones finales
La trayectoria de la Confederación Sindical Única de Trabajadores Campesinos de Bolivia (CSUTCB) demuestra que el sindicato agrario en Bolivia trascendió para constituirse en el motor de la transformación estructural del país. Su evolución ideológica con las tesis kataristas e indianistas fracturó los cimientos del Estado republicano y del nacionalismo. La confederación consolidó un sujeto político unificado de alcance nacional, demostró una inédita capacidad de control territorial que redefinió los límites de la gobernabilidad democrática desde las carreteras y las provincias.
Este panorama del movimiento indígena, originario campesino representado por la CSUTCB, tampoco está libre de contradicciones. Algunos dirigentes regionales o de altos niveles nacionales suelen caer en la corrupción; sin embargo, esta acción es criticada y castigada con firmeza por las propias «bases» de los ayllus y comunidades. Llegando incluso a la destitución de su cargo y la aplicación de castigos locales. En tal caso, estas autoridades son representantes de la opinión y decisión de la base comunitaria.
Si bien, su origen se ubica en la línea sindical, la forma organizativa que le da cuerpo y movimiento, es parte de la dinámica y la memoria del ayllu. Es así que, a partir del proceso histórico de reconstitución de los ayllus, la organización y estructura local de estos sindicatos, también se transformó al retornar a sus propios referentes locales recuperando sus propias formas de denominación, vestimenta, estructuración y temporalidad de ejercicio del cargo. Muestra de ello, es la expansión de este modelo organizativo a nivel nacional pero contextualizado a la diversidad cultural en el país.
La CSUTCB representa un hito histórico en la incorporación de las mayorías indígenas al control directo del aparato estatal. La institucionalización de sus demandas históricas en la Constitución Política del Estado de 2009 marcó la consolidación de un nuevo paradigma político. El cual, en la actualidad, muestra sus propias voces, demandas y formas de acción, que aún en el siglo XXI son capaces de cuestionar y reclamar su propio espacio de pensamiento y lucha.
Antes de terminar, te proporcionamos la bibliografía de este artículo
Bibliografía
- Albó, X. (2009). Movimientos y poder indígena en Bolivia, Ecuador y Perú. CIPCA. Cuadernos de Investigación Nº 71.
- Calderón, F. y Dandler, J. (1984). Bolivia: La fuerza histórica del campesinado. La Paz: Centro de Estudios de la Realidad Económica y Social (CERES).
- Conde Michua, W. A. (2020). La CSUTCB en la construcción del Estado Plurinacional: Transición, organización e incidencia política (1979-2017). Tesis de Licenciatura en Sociología. La Paz: Universidad Mayor de San Andrés (UMSA).
- García Linera, A. (2001). Sociología de los movimientos sociales en Bolivia: Estructuras de movilización, repertorios de acción y formas de auto-representación. La Paz: Plural Editores.
- Hurtado, J. (1986). El katarismo. La Paz: Instituto de Historia Social Boliviana (HISBOL).
- Patzi, F. (2003). Insurgencia indígena y nacionalismo originario: Colonización y descolonización en las lógicas del conflicto en Bolivia. La Paz: Ediciones Yachaywasi.
- Quisbert, E. (2007). Sindicalismo y Sindicato en Bolivia. La Paz, Bolivia
- Rivera Cusicanqui, S. (1984). Oprimidos pero no vencidos: Luchas del campesinado aymara y qhechwa 1900-1980. La Paz: Instituto de Investigaciones de las Naciones Unidas para el Desarrollo Social (UNRISD) / HISBOL.
- Zavaleta Mercado, R. (1986). Lo nacional-popular en Bolivia. México D.F.: Siglo XXI Editores.
Información adicional
Como es de costumbre te proporcionamos más información:
Albó, X. (1979). ¿Kataristas y herederos de Barrientos? El nuevo resurgir campesino en Bolivia.
Albó, X. (1979). Achacachi: medio siglo de lucha campesina. Cuadernos de Investigación, Nº 19. CIPCA.
Videos
Historia de la CSUTCB una de las organizaciones que conforman el Pacto de Unidad
Red Patria Nueva
La CSUTCB
Fundación Solón:
https://www.youtube.com/watch?v=5l_916PQCRc
El Katarismo
Fundación Solón
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